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“Francisco es un Papa global”, las conclusiones del congreso

22 de noviembre de 2019'' Compartir:

El Ateneo Universitario Sant Pacià (AUSP) ha cerrado el Congreso Internacional sobre La aportación del Francisco a la teología ya la pastoral de la Iglesia, celebrado en Barcelona del 12 al 14 de noviembre. Ha sido un congreso en el que se expusieron quince ponencias de expertos a nivel mundial y que permitió entrar en el corazón de un pontificado "que mantiene la centralidad del Evangelio, pero que ha hecho cambiar la manera de vivirlo".

El Congreso contó con 220 inscritos presenciales y una media de 300 visualizaciones online en directo. Todos ellos presenciaron las intervenciones de los cardenales Joan Josep Omella (Barcelona), Carlos Osoro (Madrid), Luis F. Ladaria (Santa Sede), Matteo Zuppi (Bologna) y Walter Kasper (Santa Sede); los arzobispos Joan Planellas (Tarragona), Jean Mbarga (Yaoundé, Camerún) y Felix Anthony Machado (Vasai, India); del obispo de Almería, Adolfo González Montes; y los profesores Maurizio Gronchi (Roma, Universidad Urbaniana), Prem Xalxo (Roma, Universidad Gregoriana), Catherine Cornille (Boston College, EE.UU.), Carlos M. Galli (Buenos Aires, Universidad Católica Argentina), Andrea Tornielli (Santa Sede), Margarita Bofarull (Barcelona, Ateneu U. Sant Pacià) y Armand Puig i Tàrrech (Barcelona, Ateneu U. Sant Pacià).

La casa común

Durante estos tres días ha quedado demostrado que Francisco "es un Papa global, que habla de la creación como la «casa común» y entiende que el cristianismo debe recomenzar desde las periferias, allí donde resuena el clamor, a menudo silencioso, de los pobres, que es poco o nada escuchado", afirmó el Dr. Armand Puig i Tàrrech, rector del AUSP. "Es en las periferias, urbanas y existenciales, que la voz del Dios encarnado resuena más distintamente, en medio de la necesidad de muchos hijos e hijas de Dios, que saben que tienen un Padre de misericordia que no les abandona. Dios habita en la ciudad, sobre todo en sus numerosas periferias", añadió. El Congreso ha hablado de la teología de los pobres y de la teología de las periferias y de los descartados_ "los pobres son instrumentos de la salvación de Dios, y por eso la amistad con ellos es sanadora y liberadora. Los pobres no son un estorbo sino un bien para la comunidad cristiana, no son un problema social sino una oportuna unidad para reconocer en ellos la misericordia de Dios. Los pobres son la entraña del Evangelio, el primer prójimo que hay que querer, maestros en el amor y criterio de verdad del Evangelio vivido. En consecuencia, los pobres y los enfermos resultan distintivos para la teología y la pastoral de la Iglesia. Sin ellos, no hay, en sentido pleno, teología de la encarnación", argumentó.

"Francisco no es un teólogo sistemático, sino un pastor que propone a la Iglesia unas líneas de fuerza teológico que arraigan en lo más profundo del Evangelio y llevan a comunicar de manera más incisiva las verdades de la fe", ha argumentado el rector del AUSP. "Estas verdades son presentadas por el Papa con una fuerza renovada, que hace creíble el mensaje del Evangelio", dice. Como ha subrayado el Congreso, "el magisterio de Francisco contiene semillas teológicas y pastorales de gran relieve; no es, sin embargo, un discurso directamente y sistemáticamente teológico". "El Papa impulsa una conciencia nueva en la Iglesia y sus teólogos, los cuales se inclinan a considerar verdaderamente los pobres como «lugar teológico», por lo que estos ocupan un lugar paralelo al lugar teológico que ocupa la misericordia; es decir, el amor primero y principal de Dios hacia la humanidad y hacia la creación", remarcó el Dr. Armand Puig.

El diálogo, los pobres y la misericordia

En las conclusiones del Congreso también se ha hecho referencia a dos palabras clave que fueron sembradas proféticamente por el magisterio del Papa Juan XXIII, y que ahora han fructificado esplendorosamente en el magisterio del Francisco: "pobres" y "misericordia". "Nos encontramos en el segundo Post-Concilio, estamos ante la reanudación y la profundización del Vaticano II por parte de un Papa que intuye el espíritu y que marca unas líneas de fuerza que inciden en la teología y la pastoral de la Iglesia, y que estas deben desarrollarse. Francisco no es un Papa «liberal» que adopte posiciones rupturistas, sino un Papa que saca de su tesoro «cosas nuevas y cosas viejas». Este tesoro es el Evangelio -expresado en la Palabra de la Escritura y en la gran Tradición de la Iglesia-, que el Papa explica y comunica en el corazón de la vida y de la realidad, no de manera abstracta y teorética sino histórica y dialogal".

El término «diálogo» es, de hecho, otro de los términos esenciales del magisterio de Francisco, junto a «pobres» y «misericordia». Francisco es un hombre de nuestro tiempo, que conoce y vive «las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias» de los hombres y las mujeres de la época en que nos ha tocado vivir. Y se considera un pastor que, como subrayó el cardenal Carlos Osoro en su ponencia, "hace camino con su rebaño sin dejarlo en manos de los lobos rapaces de la tristeza, de la mundanidad espiritual, del clericalismo,de la autorreferencialidad y de la lógica de la indiferencia -que es la antítesis de la lógica de la misericordia-. Francisco pone el dedo en la llaga de los bloqueos interiores que se traducen en posiciones exteriores de rechazo de los migrantes y los refugiados, de defensa cerrada de la Iglesia solamente como institución, de menosprecio de la alegría del Evangelio, de reticencia a entrar en una conversión pastoral y misionera.

En el Congreso se hizo patente que Francisco no se pone ante el mundo en términos de condena o con una actitud de acomodación. Su discurso combina exigencia y misericordia, mientras bandeja tanto la rigidez como la laxitud. Francisco propone una Iglesia en la que no haya barreras al diálogo, ni con los otros cristianos, ni con los hombres y mujeres de las otras religiones ni con el resto de la humanidad. No hay límites al diálogo cuando la mirada es amplia, cuando la búsqueda de la paz es según el espíritu de Asís, cuando la solidaridad y la justicia se mantienen tercamente, cuando el otro pasa de ser enemigo a ser amigo, cuando las grandes causas del planeta, que es la casa común, encuentran unidas muchas personas en el reto inmenso de hacer posible un mundo más humano y humanizador en el que se tenga cuidado preferente de los pobres y de la tierra.

Una Iglesia abierta al mundo

Con el Papa Francisco la Iglesia camina por los caminos de la historia sin tener miedo, sabiendo que el Evangelio le pide salir a encontrar a todos, con la joya propositiva de la fe y el impulso de la esperanza. Han pasado casi siete años de pontificado. El mundo en el que vivimos está lleno de contrastes y de grandes desafíos. Francisco cree en el Espíritu como corazón de la Iglesia. Llevado por la profecía, ha iniciado en la Iglesia procesos de reforma y ha propuesto intuiciones evangélicas que son extensibles a toda la humanidad, especialmente en el mundo musulmán, tan necesitado de mano extendida.

El Congreso organizado por el AUSP los días 12, 13 y 14 de noviembre ha procurado entender el alcance el pontificado del papa Francisco y situar sus líneas de fuerza teológicas y pastorales. Como dijo el cardenal Joan Josep Omella en la alocución que abrió el Congreso, "una Iglesia encogida y replegada en sí misma debe dar paso a una Iglesia abierta al amor hacia todos. Este es el único camino posible, ahora y en los años venideros. El papa Francisco ha iniciado un camino en el que el Evangelio de Jesús será la salvación de un mundo que busca su futuro ".